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Mi experiencia en la Ruta de la Cuchara (3)

Mi experiencia en la Ruta de la Cuchara (3)

Como grupo, hoy nos encontrábamos con una jornada un poco distinta a las demás. Era un día lluvioso y de un frío intenso, el cual más tarde presenciamos en la calle.

Llegamos a preparar la comida a las 15:45 en punto. Entre nuestras conversaciones y nuestros chistes, el tiempo y la actividad se nos pasó volando, no nos dimos ni cuenta cuando ya eran las 5 de la tarde y estábamos terminando los últimos preparativos para salir a la ruta.

En nuestra primera parada, en el Hospital Barros Luco, nos encontramos con una señorita muy humilde y amigable, la Cristi, que nos sorprendió mucho que nos pidiera perdón por no poder ofrecernos algo, pese a que su ruco se hubiera llovido completo. Su historia de vida y su situación nos conmovieron mucho. Le agradecimos su cálida bienvenida y ella accedió a sacarse una foto con nosotros para nuestro recuerdo.

En nuestra segunda parada nos encontramos con el Lolo, un caballero que nos contó de su adicción a las drogas, sus malas acciones y sus malas decisiones, dándonos a conocer cómo él llegó a vivir en la calle. Nos dijo que aprovecháramos todas las buenas oportunidades que nos ofrece la vida, y que no nos dejáramos llevar por lo fácil, como hizo él. Nos animó a agradecer todo lo que la vida nos ha entregado.

En nuestra tercera parada llegamos a la clínica de la Universidad Católica, dónde nos encontramos con “el tomate”, un caballero muy amoroso, que nos habló sobre su hija y pese a que no hubiera más gente en el lugar, nos encaminó hacia donde se encontraban los demás, para  que ellos también pudieran tener su plato de comida caliente.

Al llegar a la Posta Central nos encontramos con varias personas, las cuales tenían problemas físicos. El caso que más me llamó la atención fue el de una pareja; era un caballero y una señorita de mediana edad, los cuales se ayudaban mutuamente. Fue impresionante ver cómo el hombre estaba dispuesto a incluso no comer o no beber nada con tal  que ella pudiera tener ese plato de comida o ese vasito de té.

Llegando a Patronato, nos encontramos con una gran cantidad de gente, la cual llevaba bastante tiempo esperando bajo la lluvia, y al momento de repartir la comida, ellos hicieron una ordenada fila para ir recibiendo uno a uno su plato y su pan. Mientras se repartía la

comida, con un compañero nos dimos cuenta de que estaba a punto de suceder un altercado. Mientras se repartía la ropa seca para las personas, una pareja se empezó a llevar ropa, y la gente en situación de calle los confrontó, ya que ellos no vivían en la calle y se aprovechaban de la situación y de la amabilidad de los integrantes de la ruta para vender esta ropa, dejando sin vestimenta a la gente que más lo necesita.

Luego nos dirigimos al centro de Santiago, dónde nos encontramos con gente durmiendo bajo el techo de un pasillo en un edificio, en plena calle. Ahí estaba una persona con síntomas de hipotermia. Ahí fue donde un compañero avisó a los integrantes de la ruta, y al caballero se le entregó ropa seca, un plato caliente y un vasito de té para que calentará el cuerpo.

De regreso al colegio hicimos el cierre, dónde los integrantes de la ruta nos reconocieron, ya que pese a la lluvia y al frío de ese día, asistimos. Reconozco que para nosotros siempre el servicio y el cuidado al prójimo ha sido importante. Mientras se realizaba el cierre, yo no podía dejar de pensar en cómo está gente sufre diariamente en su realidad, como pueden seguir allí, pese a la lluvia, al frío. Cómo debe ser tomar la difícil decisión de ser invisibles, ya que ellos siempre han estado ahí. Somos nosotros los que los hacemos invisibles ante nuestros ojos, pasamos por su lado, como si fueran parte del paisaje sin pensar que dentro de cada persona hay una historia , una personalidad como ninguna otra y esta experiencia nos demuestra que por pequeñas acciones que hagamos, como éstas, podemos visibilizar el dolor de los invisibles y podemos entregarles algo de dignidad y justicia a sus vidas.

Nicolás Mohor M., IV° Medio A.


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